viernes, 23 de diciembre de 2011

Betsy Blair y el cine español: Calle Mayor



Betsy Blair, protagonista de Calle Mayor
Barrido el peligro del nazismo, surgió una nueva y terrible amenaza para la sociedad: el comunismo. A finales de la década de los 40, Hollywood sustituyó a los nazis como los “malos” de las películas por los terribles comunistas, con películas como El telón de acero de William A. Wellman. En 1938, en EEUU se había aprobado la formación del Comité de actividades antiamericanas, una comisión política dedicada a investigar posibles influencias comunistas en la sociedad amelicana. Desde 1947 los grandes estudios colaboraron con el Comité para denunciar la producción de películas prosoviéticas. Walt Disney o Jack L. Warner constituyeron diferentes testimonios que no tuvieron prejuicios a la hora de dibujar un Hollywood lleno de rojos. Posteriormente se han producido diferentes películas que denuncian esta situación y que de alguna manera muestran un “perdón” para todos aquellos profesionales que en su día se vieron afectados por esta persecución. La primera película de una productora clásica (Columbia Pictures) comprometida con el tema fue La Tapadera (1976), dirigida por Martin Ritt. Fue realizada por profesionales que habían estado en las listas negras: el propio director, el guionista Walter Bernstein y actores como Lloyd Gough, Zero Mostel, etc. Woody Allen, protagonista de la película, asume el papel de Howard, un guionista que ayuda a otros compañeros marginados por sus ideales políticos, dejando en el espectador la impresión de que, de haber vivido aquella época, él hubiera actuado de la misma manera.

El Comité para la primera enmienda, presidido por John Huston, organizó una marcha hasta Washington para protestar por el ataque a las libertades y a los derechos constitucionales que estaban viviendo las gentes del cine. A las protestas se unieron Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Gene Kelly, etc. Esta “caza de brujas” del senador McCarthy dejó a su paso un amplio número de buenos profesionales sin empleo como Charles Chaplin, Fritz Lang o John Huston, que se veían obligados a emigrar a Europa para seguir trabajando.  La actriz estadounidense Betsy Blair -conocida en EEUU principalmente por su matrimonio por el actor y bailarín citado anteriormente Gene Kelly-  supone un caso paradigmático. Esta actriz tuvo que abandonar su país  tras aparecer en la lista negra de la “caza de brujas”. Abandonaba así una carrera iniciada con Cukor (Doble vida) y Mankiewicz (Un rayo de luz), para iniciar una trayectoria europea en la que destacarían sus trabajos para Antonioni (El grito), Tony Richardson (Delicate Balanced) o Bardem. Su papel de solterona de provincias en Calle Mayor quedaría como uno de los más importantes.





Pero la ideología de estos grandes estudios ha seguido una senda conservadora en la mayoría de sus producciones y como claro ejemplo sólo tenemos que observar la mayoría de las películas que invaden la cartelera cada semana, y que en su gran mayoría son decididamente comerciales. De esta manera, siguen la corriente cultural aceptada mayoritariamente en nuestra sociedad. En la actualidad, no son los gobiernos los que censuran, sino la industria quien margina productos independientes  poque su exhibición en las salas no aporta suficiente rentabilidad. Este sitema dominante aún no ha llegado a comprender hoy en día la magnitud de una artista y militante tan relevante como Betsy Blair.


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