lunes, 26 de diciembre de 2011

De la tragicomedia al western



Busto de mármol de Aristócrates
De todas las cuestiones que derivan de la teoría literaria, ninguna presenta un linaje tan abundante como los géneros literarios. La Teoria de los Géneros tiene su más antiguo antecesor en la obra del filósofo Aristóteles. De éste, derivan ciertas concepciones que hoy subyacen al analizar genéricamente cualquier obra. 

Uno de los problemas que aún resulta si analizamos la obra de Aristóteles es expuesto por Rick Altman en su libro-ensayo Los géneros cinematográficos: “Al subrayar las características internas de la poesía en vez de los tipos de experiencia que la poesía alimentaba, Aristóteles convirtió la teoría de los géneros en una cadena incesante de análisis textuales. No es que las cuestiones textuales estén totalmente desvinculadas del ámbito de la experiencia, pero la relación entre ambos terrenos requiere teorización, y eso es precisamente lo que Aristóteles excluye con la parquedad de su estilo y su retórica incontestable”.

A partir de este momento las reacciones suscitadas han sido muy diversas. Las teorías de los críticos neoclasicistas siguen una marcada tendencia a separar de una manera clara y concisa los diferentes géneros, mientras que la estética romántica se sitúa en una fase opuesta. La hibridación de géneros era llevada a cabo por maestros de la talla de Shakespeare o Esquilo, siguendo la recomendación del teórico alemán Friederich Schlegel en su Diálogo sobre la poesía (1800), donde recomendaba la abolición de toda separación genérica.

La tragicomedia, reconocida como uno de los primeros híbridos, surge en el siglo XVII como reacción contraria a las recomendaciones de cierto sector crítico neoclásico francés al que le resultaba poco menos que imposible aceptar esta nueva mezcla. Sin embargo, no es extraño considerar que una cultura en expansión produzaca nuevos géneros ya que éstos deben ser estimulados como elementos vivos, cambiantes y activos en el desarrollo y expresión de una cultura. Asimismo resulta sorprendente que se produjera escogiendo como protagonistas dos géneros o tipos considerados radicalmente opuestos.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, una parte de la crítica conservadora denomina -despectivamente-  "género lacrimógeno" al que se sitúa en la frontera entre la tragedia y la comedia: el drama. Pero a esta nomenclartura le precedió la definición de “género serio” considerando que los ya existentes géneros clásicos no eran suficientemente serios para tratar la realidad contemporánea. De esta manera, el nuevo género daría lugar al melodrama, que resultaría el  género teatral más popular durante el siglo XIX.
                                                                       
Gran parte de lo que se considera historia de los géneros no es, en realidad, más que una descripción del ciclo de vida supuestamente familiar de un género. Normalmente, los críticos dan por sentado que la aparición de un nuevo género cinematográfico proviene de uno ya existente en otros ámbitos. Por esta razón, películas como La melodía de Broadway de Harry Beaumont (1929), Asalto y robo a un tren de Edwin S. Porter (1903) y Disraeli de Alfred E. Green (1929) son reconocidas como prototipos históricos de géneros cinematográficos como el musical, el western y el biopic. Pero el papel de la industria cinematográfica ha sido, en realidad, mucho más creativo si atendemos a los orígenes fílmicos y terminológicos de estas películas.

Fotograma de "Asalto y robo a un tren"


Para ejemplificar lo expuesto anteriormente, Rick Altman propone un estudio que abarca tres grandes géneros durante sus inicios: el musical, el western y el biopic. En este caso, trataremos de llevar a cabo el estudio del western basado en la película Asalto y robo a un tren (1903) de Edwin S. Porter. La primera parte de esta película es presentada por Charles Musser (1984) como ejemplo del subgénero ferroviario del entonces popular género de viajes, mientras que la segunda parte de la película se sitúa dentro del género policíaco y de crímenes proviniente de las novelas de Raymond Chandler. Esta teoría supera la idea -o tesis contraria- de que el género cinematográfico que llamamos western es una prolongación directa del tratamiento que en el siglo XIX se dio a “El Oeste americano como símbolo y mito”. Según esta teoría, un western es un western por motivos totalmente extracinematográficos.

El ejemplo que demuestra la aparición del western desde una óptica viva denota la importante aportación que el cine ha supuesto para la creación de nuevos géneros y la importancia de la hibridación genérica para que las diferentes formas expresivas progresen y avancen en sus diferentes manifestaciones culturales. 





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